¿Qué es la Órbita?

Las órbitas son los espacios anatómicos que contienen el ojo y los tejidos que lo rodean, como los músculos, la grasa, las arterias y los nervios. Cada órbita se encuentra en el cráneo y está rodeada de huesos. Estos huesos forman las cuatro paredes de la órbita: el techo, el piso, la pared medial y la pared lateral. Las paredes de la órbita se parecen mucho a una pirámide inclinada que se estrecha cuando se acerca a la parte posterior del ojo.

El techo de la órbita

El techo de la órbita separa el ojo del cerebro. Esta pared es triangular, delgada y puede romperse fácilmente con un trauma. Un tumor en el cerebro o las meninges (capas protectoras del cerebro) puede invadir la órbita, causando daños en el ojo y las estructuras circundantes. Los trastornos agudos o crónicos de los senos paranasales frontales también pueden afectar la órbita si no se tratan.

La glándula lagrimal es un órgano importante que se encuentra en el techo de la órbita. Los tumores de esta glándula representan aproximadamente el 10% de todas las masas que afectan la órbita. Un tumor de la glándula lagrimal puede ser benigno o maligno. Las lesiones benignas son más frecuentes y tienen un buen pronóstico. Por otro lado, el cáncer de la glándula lagrimal es muy agresivo y tiene un mal pronóstico. Los tumores de la glándula lagrimal están cubiertos en otra sección de este sitio web. https://www.artefacial.com/info/tumores-de-la-glandula-lagrimal/

El piso de la órbita

La principal condición que afecta a esta pared es la fractura secundaria a un traumatismo en el ojo. Esto sucede con mucha frecuencia después de que un puño golpea el ojo o tras un trauma con una pelota de golf o un accidente automovilístico. Las fracturas del piso de la órbita se pueden tratar de forma conservadora en la mayoría de los casos. Sin embargo, en situaciones en que los músculos oculares están atrapados en el hueso o la fractura es demasiado grande, se necesitará hacer una cirugía para reparar la fractura.

Pared medial de la órbita

La pared medial de la órbita es la más delgada de todas. Esta pared separa el ojo de la cavidad nasal. Debido a que la nariz no es estéril, lo que significa que tiene bacterias, una ruptura de esta pared puede causar una infección aguda de la órbita y un daño severo en el ojo. De hecho, la causa más común de infecciones de la órbita es la propagación de una infección en el seno paranasal etmoidal (sinusitis), ubicado cerca de la pared medial. Estas infecciones son tan graves que incluso pueden poner en peligro la vida del paciente si no se tratan rápidamente.

Pared lateral de la órbita

La pared lateral de la órbita es la más resistente, ya que protege el ojo de un trauma fuerte en la cara. De hecho, se requiere un gran impacto para fracturar los huesos en esta área. Las fracturas de la pared lateral pueden verse en accidentes automovilísticos de alta velocidad.

Tumores de la órbita

Un tumor puede originarse a partir de cualquier tejido en la órbita. La grasa, los vasos sanguíneos o las células musculares pueden crecer de manera anormal y producir una masa alrededor del ojo. La glándula lagrimal y el nervio óptico también pueden transformarse en un tumor. Los tumores de la órbita se clasifican por el tipo de tejido donde se originan, si son benignos o malignos o si son causados por un proceso inflamatorio. Los síntomas de un tumor en la órbita dependerán del tipo de masa, pero, en general, el paciente experimentará restricción en el movimiento ocular, visión doble, dolor o proyección del ojo hacia fuera, lo que comúnmente se conoce como “ojo salido”.

Tumores Benignos de la Órbita

Los tumores benignos de la órbita pueden ser inflamatorios o secundarios a un crecimiento anormal de un tejido (neoplasia). Las masas inflamatorias son más comunes y deben descartarse primero. Desde el punto de vista clínico, los procesos inflamatorios de la órbita tienden a causar dolor, malestar y protrusión ocular. Por otro lado, los tumores benignos sin inflamación suelen cursar sin dolor, aunque existen excepciones.

Tumores orbitarios con inflamación

La inflamación de la órbita es relativamente común. Esta puede ser secundaria a una enfermedad autoinmune, como la Sarcoidosis o la enfermedad de Graves, o una infección en la órbita. La enfermedad de Graves es la causa más común de inflamación aguda y crónica de los tejidos en la órbita. Esta condición afecta los músculos alrededor del ojo y el tejido graso. Los síntomas incluyen enrojecimiento ocular, ojos saltones, lagrimeo constaten y pérdida de la visión. La enfermedad de Grave’s (orbitopatía tiroidea) se describe en otro segmento de este sitio web. https://www.artefacial.com/info/orbitopatia-tiroidea-enfermedad-de-graves/

La inflamación aguda de la glándula lagrimal es otra causa de una masa en la órbita. Esta condición se llama dacrioadenitis. Los pacientes experimentan dolor alrededor del ojo e inflamación de la parte externa del párpado. El diagnóstico se puede hacer clínicamente, según los síntomas y signos, o puede requerir una biopsia del tejido. El tratamiento consiste en administrar esteroides orales o intravenosos.

La inflamación de la órbita secundaria a infecciones es una condición muy grave que causa una inflamación aguda del ojo y los tejidos circundantes. La infección puede propagarse desde la piel o la cavidad nasal. Por ejemplo, la sinusitis aguda puede causar una ruptura de la pared medial de la órbita y la infección puede extenderse a la zona que rodea al ojo, haciendo que el ojo protruya hacia fuera y permanezca inmóvil. Esta infección puede causar un absceso que, si no se trata, puede propagarse al cerebro y poner en peligro la vida del paciente. Los pacientes con una infección orbitaria deben ser hospitalizados y tratados con antibióticos intravenosos. Si se forma un absceso, este debe ser drenado por el cirujano de órbita.

Tumores orbitarios sin inflamación

No todos los tumores benignos en la órbita son inflamatorios, sino que algunas masas crecen a partir de tejidos en la órbita, como la glándula lagrimal, la grasa o los vasos sanguíneos. Estas masas pueden causar incomodidad, protrusión ocular y restricción en los movimientos oculares. Los tumores no inflamatorios normalmente crecen lentamente y causan mínimo dolor. En general, estas masas tienen un pronóstico muy bueno, a menos que crezcan exageradamente y no se haga una cirugía para eliminarlas.

Tumores Malignos de la Órbita

Los tumores malignos de la órbita son menos frecuentes que las lesiones benignas, pero tienen un peor pronóstico. Estos tumores pueden ser primarios, lo que significa que se originan en la órbita, o secundarios, cuando el cáncer se ha propagado a la órbita desde un órgano distante, como el pulmón o la próstata. La glándula lagrimal es uno de los sitios más comunes donde nacen tumores malignos primarios. Estos tumores suelen tener un mal pronóstico. Por otro lado, el linfoma es un ejemplo de cáncer que pueden causar metástasis en la órbita.

Los tumores malignos de la órbita suelen causar más dolor e incomodidad que los benignos. Los pacientes pueden notar un ojo salido, visión doble o inflamación significativa, manifestada por dolo y enrojecimiento. Si no se trata, el cáncer se puede diseminar a otros órganos del cuerpo o puede causar daños irreversibles en el ojo.

Algunos tumores malignos de la órbita incluyen:

Linfoma de la órbita. Este cáncer es más común en pacientes mayores. El tumor crece a partir de glóbulos blancos ubicado en los ganglios linfáticos. Este puede originarse en la órbita o puede diseminarse desde un sitio distante, como los pulmones o el cuello. El linfoma de la conjuntiva tiene un color rosa característico en el examen clínico, llamado parche de salmón. Para hacer el diagnóstico de linfoma, el cirujano toma una biopsia del tumor y un patólogo con experiencia en tumores orbitarios analiza el espécimen. El tratamiento de este cáncer requiere quimioterapia o radiación en la mayoría de los casos y, por lo tanto, debe tratarse con un oncólogo.

Cáncer de la glándula lagrimal. Los tumores malignos primarios de la glándula lagrimal representan aproximadamente el 50% de todos los tumores de la glándula lagrimal (malignos y benignos). El carcinoma adenoide quístico, originado en esta glándula, es el cáncer epitelial orbitario más común. Estos tumores causan restricción de los movimientos oculares, dolor y abultamiento del globo ocular. Son muy tumores muy agresivos y requieren escisión amplia y manejo en conjunto con un oncólogo. Desafortunadamente, el pronóstico de este cáncer es muy malo.

Metástasis de sitios distantes a la órbita. El cáncer en la órbita puede crecer debido a la siembra de células malignas de otro órgano, como la mama y la próstata. El melanoma maligno del ojo también puede viajar a la órbita. La metástasis a órbita suele tener un pronóstico desfavorable y una tasa de supervivencia corta. El tratamiento siempre se realiza junto con un grupo de especialistas en oncología.

Cirugía de la Cavidad Anoftálmica

Un traumatismo o un tumor en el ojo pueden hacer que una persona pierda la visión de manera irreversible. Ciertas afecciones oftalmológicas como el glaucoma, la miopía alta y el desprendimiento de retina también pueden causar ceguera permanente. Si el ojo afectado no tiene ninguna función, pero no causa ningún dolor ni molestia, la persona puede optar por mantener el ojo. Por otro lado, un ojo ciego y doloroso debe ser removido para quitar el malestar y mejorar la calidad de vida del paciente. En este caso, un especialista en órbita realizará una cirugía para extirpar el ojo y reconstruir la cavidad anoftálmica.

Hay dos opciones para extirpar quirúrgicamente un ojo:

Evisceración:

Una evisceración es un procedimiento en el que se vacían los contenidos del ojo, pero la cubierta escleral (parte blanca del ojo) y los músculos se dejan intactos. Esta es probablemente la operación más común que se hace para quitar un ojo ciego y doloroso. Una evisceración también puede realizarse en un ojo ciego sin dolor para mejorar el aspecto del ojo, es decir, con fines estéticos. Después de retirar el contenido del ojo, el cirujano coloca un implante orbitario dentro de la esclera para aportar volumen. Seis a ocho semanas después, un ocularista diseña una prótesis ocular y la coloca en la cavidad para simular el ojo normal.

Enucleación:

Una enucleación es una operación que implica la extirpación de todo el ojo, incluida la concha escleral; sólo los músculos del ojo quedan en la órbita. Este procedimiento está indicado para tumores oculares como el melanoma maligno. También se puede hacer en un trauma agudo, cuando un ojo ha sufrido un daño grave e irreparable. En una enucleación, el implante orbitario se sutura a los músculos del ojo, en lugar de colocarlo dentro de la esclera. Dos meses después de la operación, el ocularista diseña la prótesis ocular, la cual se coloca en la cavidad anoftálmica para imitar el ojo normal.

Prótesis Ocular

Después de quitar un ojo mediante una evisceración o enucleación, el paciente usará una prótesis que imita el color y la forma del ojo sano. La prótesis debe sentirse cómoda y ser del tamaño adecuado para la cavidad. Una prótesis debería producir muy poca secreción si está diseñada adecuadamente. La prótesis debe retirarse y limpiarse aproximadamente una vez a la semana y debe ser pulida cada 6 meses aproximadamente.

 

Problemas con la prótesis e inflamación de la cavidad anoftálmica

Algunos pacientes pueden experimentar problemas al usar la prótesis. Esto puede deberse a un ajuste inadecuado, a la extrusión del implante orbitario o a la inflamación de la cavidad anoftálmica (donde descansa la prótesis). La inflamación de la cavidad causará secreción crónica e incomodidad, y también puede provocar cicatrices, que reducirán el tamaño de la cavidad y harán imposible sostener la prótesis. En estos casos, el cirujano de órbita tendrá que reconstruir el lecho para restaurar el volumen y evitar más cicatrices. La expansión de la cavidad con injertos permitirá que esta se adapte a una nueva prótesis.

Algunos pacientes tienen pérdida de volumen en la órbita después de la extracción de un ojo; esto se llama síndrome del surco hundido. Estos pacientes tienen ojos tan hundidos que lucen cadavéricos. Además, los párpados superiores están muy caídos (ptosis). Afortunadamente, existen varias opciones para tratar esta condición. El volumen se puede restaurar inyectando rellenos de ácido hialurónico o grasa a la órbita. Otra opción es reconstruir quirúrgicamente la cavidad y agregar volumen con un injerto dermograso. Una vez que se restaura el volumen, se puede colocar una prótesis nueva.

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